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Desde un punto de vista físico, nuestro cuerpo suda para poder enfriarse. El ser humano tiene una temperatura que regula entre los 36,5 y 37 grados Celcius. Cuando ésta se eleva, nuestro cerebro lo detecta y envía una señal a las glándulas sudoríparas las cuales se encargan de extraer el líquido de nuestro cuerpo y expulsarlo al exterior en forma de sudor. De esta manera, al sudar, nos rodea una capa de agua, la cual al evaporarse enfría nuestro cuerpo. ¿Por qué?

La evaporación es el cambio de estado líquido a gaseoso. A contrario de la ebullición, la evaporación ocurre a cualquier temperatura. Obviamente, a mayor temperatura, mayor evaporación. Para evaporar un liquido se necesita una fuente de calor. Imaginemos que colocamos una fina capa de agua sobre una mesa. Esta se evapora en poco tiempo. El calor lo obtuvo de la mesa, por lo que, ésta al ceder calor, reduce su temperatura. Si se midiera la temperatura de la mesa antes y después del proceso, ésta estaría más fría en última estancia. En toda evaporación hay alguien que cede calor para que ocurra, por lo que éste, al perder calor, pierde temperatura. Entonces, la evaporación es un proceso de enfriamiento.

Nuestro cuerpo busca hacer lo mismo cuando suda. Las fina capa de agua que sudamos se evapora gracias al calor de nuestra propia piel. Esto hace que nosotros, al ceder ese calor, reduzcamos nuestra temperatura corporal y nos enfriemos. Las prendas con las que nos vestimos desaceleran este proceso, ya que  impiden la rápida evaporación de nuestro sudor demorando la misma, y a su vez provocando más, dado que nuestro sistema, al sentir que no es refrigerado, tiende a provocar más sudor.

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